Recientemente, se han acumulado pruebas que sugieren que la diabetes juega un papelen la aceleración del envejecimiento cerebral. Pero, aunque se sabe que la diabetes podría ir asociada a un aumento del riesgo de demencia,los mecanismos y factores atenuantesexactos siguen sin estar claros. La demencia afecta al 15% de las personas de más de 65 años, y hasta a un 50% de las de más de 85. Su incidencia está lista para aumentar en más del 100% para 2050. Si la diabetes aumenta el riesgo de demencia, aunque sea levemente, las implicaciones para la salud pública son enormes. Rachel Whitmer describe la conexión entre diabetes, demencia y neurodegeneración por Alzheimer, y ofrece algunas opciones para prevenirlas a tiempo.
La demencia no es una enfermedad, sino un síndrome: un conjunto de síntomas que causan problemas cognitivos y de memoria, como problemas de orientación, de atención, lingüísticos y de resolución de problemas. La demencia implica un declive progresivo de la cognición que supera y va más allá de los cambios normales que aparecen con la edad debidos a lesiones o enfermedades cerebrales. Las dos más comunes son la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular.
Más del 33% de las mujeres y del 20% de los varones de 65 años o más desarrollarán demencia a lo largo de su vida, y muchos más desarrollarán una forma más leve de trastorno cognitivo. En todo el mundo, la población adulta está en rápido crecimiento; los cálculos sugieren que habrá un aumento del 50% del número total de personas con trastornos cognitivos en los próximos 25 años. La demencia va asociada a un aumento de la mortalidad y la discapacidad, de los costes sanitarios, un enorme aumento de la carga para cuidadores y familiares.
Enfermedad de Alzheimer
La enfermedad de Alzheimer, a la que solemos referirnos como Alzheimer, es el tipo más frecuente de demencia. Más de la mitad del total de casos demencia se deben al Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que se caracteriza por la pérdida de memoria, el decline cognitivo y, en su último estadio, graves cambios de comportamiento y pérdida total de la capacidad de cuidar de uno mismo. Normalmente, el primer síntoma patente es la pérdida de la memoria a corto plazo, que progresa desde simples olvidos hacia una pérdida consistente de la memoria a largo plazo y, finalmente, la parte más devastadora de la enfermedad, la pérdida de habilidades antes dominadas y la incapacidad de reconocer a las personas más cercanas.
La prevalencia de Alzheimer aumenta con la edad: entre personas de 65 años o más, una de cada 10 tiene la enfermedad, mientras que el 50% de las personas con 85 años o más tienen síntomas relacionados con el Alzheimer, e incluso más tienen cambios neuropatológicos. Por cada 5 años a partir de los 65, las probabilidades de desarrollar Alzheimer se duplican.
Las probabilidades desarrollar Alzheimer se duplican por cada 5 años a partir de los 65.
El Alzheimer implica cambios en el cerebro, que son parte del progreso de la enfermedad. Las personas con Alzheimer pierden neuronas y desarrollan atrofia, que es síntoma de neurodegeneración. Las personas con la enfermedad también tienen placas amiloides (proteina) y ovillos o nudos neurofibrilares (agregados proteicos que se encuentran en las neuronas) en el cerebro, que son las marcas distintivas de la patología del Alzheimer. Éstas tan sólo se pueden descubrir mediante una autopsia; la medicación puede ayudar a reducir los síntomas de la enfermedad, pero no puede cambiar el curso de la patología subyacente.
Causas
La causa última del Alzheimer se desconoce. Hay quien tiene la teoría de que el depósito de placas amiloides es una de las causas de la enfermedad, mientras que otros creen que éste es un reflejo del proceso de la enfermedad. Un gen de susceptibilidad confirmado, el ApoE, va asociado a una mayor probabilidad de desarrollar Alzheimer. Grandes estudios de población sugieren también que las personas con diabetes tienen más probabilidades de desarrollar Alzheimer que las personas sin esta afección.
Demencia vascular
La demencia vascular es la segunda causa más frecuente de demencia en personas mayores. Se refiere a una serie de síndromes que tienen como resultado lesiones vasculares del cerebro. La detección precoz y la exactitud del diagnóstico son fundamentales, ya que la demencia vascular es, hasta cierto punto, evitable.
La demencia por infarto múltiple es la forma más común de demencia vascular. Suele afectar a personas de entre 60 y 75 años, y tiene más probabilidades de darse en varones que en mujeres. Está causada por una serie de derrames cerebrales que interrumpen el flujo sanguíneo y dañan o destruyen tejido cerebral. Un derrame se produce cuando la sangre no puede llegar a alguna parte del cerebro. Puede estar causado por un coágulo sanguíneo o un depósito graso que obstruye los vasos que riegan el cerebro. También se puede producir un derrame cerebral cuando un vaso sanguíneo del cerebro estalla. Las principales causas de los derrames son la hipertensión no tratada, el alto nivel de colesterol LDL, la enfermedad cardíaca y la diabetes.
El Alzheimer se caracteriza por la pérdida de memoria, el declive cognitivo y graves cambios de comportamiento.
Estudios de población
Muchos estudios de población han revelado que existe una asociación entre la diabetes tipo 2 y el aumento del riesgo de desarrollar demencia, que incluye tanto al Alzheimer como a la demencia vascular. En un estudio, el riesgo era más potente en personas con diabetes tipo 2 que utilizaban insulina al compararse con quienes utilizaban medicamentos hipoglucemiantes orales; ambos grupos corrían un mayor riesgo de Alzheimer en comparación con las personas sin diabetes. (1) Aunque inicialmente la asociación entre diabetes tipo 2 y demencia vascular parecía ser más consistente que la relación entre diabetes tipo 2 y Alzheimer, (2) trabajos recientes han arrojado pruebas más consistentes de la relación entre diabetes y Alzheimer “puro”. (3)
Muchos estudios de población han encontrado una asociación entre diabetes tipo 2 y aumento del riesgo de Alzheimer.
Sin embargo, hay problemas de diagnóstico a la hora de distinguir la demencia vascular del Alzheimer in vivo . Las pruebas también sugieren que una mutación del gen ApoE, el alelo 4, el principal factor de riesgo de Alzheimer, podría influir sobre el riesgo de demencia con más fuerza entre las personas con diabetes. De hecho, los hallazgos procedentes de estudios de población demuestran que las personas con diabetes y ApoE 4 son las que corren el mayor riesgo de Alzheimer en comparación con quienes no tienen diabetes y no tienen el ApoE 4. (4)
La diabetes y el cerebro
Aunque sabemos que las personas con diabetes corren un mayor riesgo de derrame cerebral, se sabe poco sobre le efecto de la diabetes sobre la neurodegeneración. Las placas de Alzheimer y los ovillos neurofibrilares tienen proteínas glucosiladas. Por lo tanto, ya que las personas con diabetes tienen un mayor nivel de glucosa en sangre, es plausible sospechar que tienen una mayor patología de Alzheimer.
Los modelos animales de “diabetes inducida” sugieren un efecto neurodegenerativo directo de la diabetes. La mayoría de estudios muestran resultados en el hipocampo, área asociada con el aprendizaje y la mejoria y primera estructura en verse afectada por la neurodegeneración de la enfermedad de Alzheimer. Un estudio post-mortem reveló que las personas con diabetes, y especialmente las personas con diabetes y el alelo ApoE 4, tenían más placas en el hipocampo, ovillos neurofibrilares en el córtex y en el hipocampo, y corrían un mayor riesgo de angiopatía amiloide cerebral, (5) en la cual la proteína asociada a la enfermedad de Alzheimer se deposita en las paredes de los vasos sanguíneos del cerebro. Un trabajo reciente en el que participaron más de 1.000 personas ha demostrado que quienes tienen diabetes tienen una mayor atrofia cortical, independiente de la hipertensión, el colesterol total, el tabaquismo, el IMC, la enfermedad coronaria cardiaca y los factores sociodemográficos que las personas sin la afección. (6)
La conexión
Sabemos que la obesidad aumenta el riesgo de demencia y atrofia cerebral. Sin embargo, los mecanismos moleculares que se encuentran tras los trastornos metabólicos causados por el exceso de grasa corporal aún no se entienden plenamente, especialmente en lo referente a su papel en las enfermedades neurodegenerativas como la demencia. Las pruebas preliminares sugieren que algunas adipocitoquinas (proteínas de señalización de una célula a otra, también conocidas como “adipoquinas”) podrían cruzar la barrera entre la sangre y el cerebro y tener alguna función en el aprendizaje y la memoria.
Hallazgos recientes procedentes de varios estudios de población longitudinales han confirmado que existe un vínculo entre obesidad y riesgo de demencia. Incluso después de tener en cuenta las enfermedades que van unidas a ella en la madurez y la tercera edad, la obesidad durante la mediana edad (de 40 a 45 años) iba fuertemente asociada a un aumento del riesgo de demencia 30 años después. 7 Las personas con un IMC que indique obesidad (30 o más) tenían una probabilidad un 75% mayor de desarrollar demencia en comparación con quienes tienen un IMC normal (de 18,5 a 24,9). (7)
Debemos destacar que recientemente descubrimos que la obesidad abdominal va más estrechamente asociada al riesgo de demencia que la obesidad repartida por todo el organismo. (8) Incluso en el caso de quienes tienen un peso sano, la obesidad abdominal aumenta el riesgo de demencia. Un estudio reciente con una gran cohorte que analizó la obesidad durante la mediana edad, el riesgo de demencia y de Alzheimer, arrojó unos resultados similares. (9)
El tejido adiposo que envuelve los órganos internos (grasa visceral) parece ser más activa metabólicamente que la grasa subcutánea: la grasa visceral va asociada a una mayor producción de ínica adipocitoquinas y juega un papel mayor en la insensibilidad a la insulina que otros tipos de grasa. Por lo tanto, las personas con diabetes necesitan prestar especial atención a su perímetro de cintura, además de a su peso corporal total. Es importante mencionar que las personas pueden tener un peso corporal sano y obesidad abdominal a un mismo tiempo.
La actividad física beneficia la función cognitiva y cerebral, y puede reducir el riesgo de enfermedad de Alzheimer.
Estrategias de tratamiento
Además de centrarnos en un peso y un perímetro de cintura sanos, mantener un nivel saludable de HbA 1c es de máxima importancia. Además, ya que los factores de riesgo cardiovascular van fuertemente asociados a la enfermedad de Alzheimer y a la demencia, es igualmente obligatorio mantener los niveles de colesterol y tensión arterial dentro de unos intervalos saludables. Hay gran cantidad de pruebas científicas que demuestran que la actividad física puede reducir el riesgo de enfermedad de Alzheimer. El ejercicio ayuda a mejorar los factores de riesgo cardiovascular además de promover un peso sano, todo lo cual puede reducir el riesgo de demencia. También existen pruebas de que la actividad física beneficia directamente la función cognitiva y cerebral. Algunos ejercicios mentalmente estimulantes, como los crucigramas, van asociados a un menor riesgo de demencia.
Si se mantienen las tendencias de la obesidad y la diabetes, podríamos ser testigos de un aumento de la demencia mayor de lo esperado.
Algunos elementos nutricionales, como las grasas insaturadas, las vitaminas C, E, B6, B12 y el ácido fólico van asociados a una reducción del riesgo de demencia y Alzheimer. Una serie de informes también sugiere que la dieta mediterránea va asociada a un menor riesgo de estas enfermedades. Por el contrario, se ha descubierto mediante modelos animales que las dietas con un alto contenido en grasas saturadas aumentan el riesgo de Alzheimer y generan un trastorno del rendimiento cognitivo. Un estudio reciente reveló que una dieta con un alto contenido en grasas durante la mediana edad iba asociada a la demencia. (10)
¿Otra complicación diabética?
Hay pruebas concluyentes de que los trastornos cognitivos y/o la demencia son posibles complicaciones diabéticas. Dado el aumento estimado de la incidencia de demencia, diabetes y obesidad en los próximos 50 años, éstas conexiones resultan preocupantes. Si se mantienen las tendencias de la obesidad y la diabetes, podríamos ser testigos de un aumento de la demencia mayor de lo esperado.
Rachel Whitmer
Rachel Whitmer es epidemióloga de la División de Investigación en Etiología y Prevención de Kaiser Permanente, en Oakland, California (EEUU).
Bibliografía
1 Ott A, Stolk RP, van Harskamp F, et al. Diabetes mellitus and the risk of dementia: The Rotterdam Study. Neurology 1999; 53: 1937-42.
2 Hassing LB, Johansson B, Nilsson SE, et al. Diabetes mellitus is a risk factor for vascular dementia, but not for Alzheimer's disease: a populationbased study of the oldest old. Int Psychogeriatr 2002; 14: 239-48.
3 Xu WL, Qiu CX, Wahlin A, et al. Diabetes mellitus and risk of dementia in the Kungsholmen project: a 6-year follow-up study. Neurology 2004; 63: 1181-6.
4 Qiu C, Kivipelto M, Aguero-Torres H, et al. Risk and protective effects of the APOE gene towards Alzheimer's disease in the Kungsholmen project: variation by age and sex. J Neurol Neurosurg Psychiatry 2004; 75: 828-33.
5 Peila R, Rodriguez BL, Launer LJ. Type 2 diabetes, APOE gene, and the risk for dementia and related pathologies: The Honolulu-Asia Aging Study. Diabetes 2002; 51: 1256-62.
6 Korf ES, White LR, Scheltens P, Launer LJ. Brain aging in very old men with type 2 diabetes: the Honolulu-Asia aging study. Diabetes Care 2006; 29: 2268-74.
7 Whitmer RA, Gunderson EP, Barrett-Connor E, et al. Obesity in middle age and future risk of dementia: a 27 year longitudinal population based study. BMJ 2005; 330: 1360.
8 Whitmer RA, Haan MN, Gunderson EP, et al. Central obesity in midlife and risk of dementia three decades later. Neurology , in press 2008.
9 Whitmer RA, Gunderson EP, Quesenberry CP, et al. Body mass index in midlife and risk of Alzheimer disease and vascular dementia. Curr Alzheimer Res 2007; 4: 103-9.
10 Laitinen MH, Ngandu T, Rovio S, et al. Fat intake at midlife and risk of dementia and Alzheimer's disease: a population-based study. Dement Geriatr Cogn Disord 2006; 22: 99-107.